Notas de lectura sobre el poema integral y Un par de vueltas por la realidad de Juan Ramírez Ruiz

Juan Zevallos Aguilar

La crítica literaria peruana no ha investigado lo suficiente al grupo Hora Zero. Los pocos trabajos que incluyen obras poéticas de miembros de este colectivo poético son Estos trece (1973) de José Miguel Oviedo, durante mucho tiempo el primer y único libro dedicado a los poetas del 70, el folleto Exclusión y permanencia de la palabra en Hora Zero: 10 años después (1981) de Enrique Sánchez Hernani, las breves notas bio-bibliográficas que anteceden a los poemas publicados en distintas antología sobre la generación del 70 aparecidas en los últimos años y algunos artículos publicados recientemente. Llama la atención la carencia de estudios particulares sobre las obras literarias de Enrique Verástegui, Jorge Pimentel y Juan Ramírez Ruiz, las figuras poéticas más importantes de este grupo, y un estudio totalizador lo suficientemente riguroso que lo explique. Sin embargo, pese a estas carencias, en el espacio literario informal ha existido el consenso en considerar que en la poesía peruana de los setenta acontecen una serie de cambios o, en términos más relativos, se recuperan constantes que el río de la tradición poética peruana contenía en su cauce. En este sentido, Wáshington Delgado afirmaba que en la obra de César Vallejo, principal soporte de la tradición poética peruana, se encuentran prácticamente todos los elementos que poetas ulteriores desarrollaron en sus praxis poéticas. Así, el coloquialismo de sectores subordinados, tan característico de la poesía de los 70, ya se hallaba en la obra del autor de Trilce .

En contraste con los olvidos de la crítica literaria establecida, el nombre de Juan Ramírez Ruiz (Chiclayo, 1947) se pronuncia con admiración en sectores contraculturales artísticos limeños . Para este sector artístico conformado básicamente por poetas y músicos que frecuentan los bares del centro de Lima, la figura del autor de la poética de la «poesía integral» es tomada como paradigma. Para ellos, tiene mucho atractivo su trayectoria personal parecida a la de César Vallejo. En ella no se ha hecho mayores concesiones a la institución literaria peruana. Más bien se ha constituido en una conciencia crítica que aun ha señalado las contradicciones y acomodos de excompañeros de ruta. En efecto, luego de renunciar al movimiento Hora Zero, en 1973, Ramírez Ruiz hizo circular el manifiesto

«Palabras urgentes (2)», en 1980, donde denuncia al movimiento que mantiene el nombre de Hora Zero. Entreotras acusaciones, apuntó la traición a los principios del movimiento resumidos en el primer «Palabras urgentes» de 1970. La posición bastante crítica de Ramírez Ruiz lo ha llevado a mantener una situación de marginalidad. Del mismo modo, sus planteamientos respecto a la praxis poética ahora más que nunca cobran particular vigencia para los nuevos poetas.

En su primer libro Un par de vueltas por la realidad (1971), Juan Ramírez Ruiz publica, a manera de colofón, el documento “Poesía integral (notas acerca de una hipótesis de trabajo) Primeros apuntes sobre la Estética del Movimiento HORA ZERO”, donde formula la poética del “poema integral” . En esta nota se va a estudiar este manifiesto en particular y varios poemas de Un par de vueltas por la realidad , con el propósito de hacer ver al lector la coherencia entre poética y los poemas que contiene el libro. La exploración de la coherencia se debe a que ésta provoca el respeto que le tienen los sectores artísticos contraculturales. En un país donde se acumulan frustraciones y deseos de cambio de diversas generaciones de peruanos, dicha poética y poemario seguirán teniendo vigencia.

La poética del poema integral posee un marcado corte realista. Es propuesta luego de asumir el axioma de que la poesía en el mundo contemporáneo sí tiene poder de cambio. «El poder de la poesía y el arte como forma y factor de conciencia social, es energía suficientemente capaz de hacer avanzar o hacer retroceder una sociedad en su proceso de evolución» (109). Por ese motivo, Juan Ramírez Ruiz propone la escritura de una poesía que integre, totalice y registre todos los elementos que afectan la vasta y compleja experiencia humana contemporánea que no puede ser registrada por la poesía estrictamente lírica. En esta escritura, todos los objetos, los sucesos, los hechos históricos del mundo y de la individualidad merecen ser expresados en el poema. Y más aún, a los hechos trivializados por la repetición de acciones en las rutinas de lo seres humanos modernos es necesario darles proyección y lugar como hechos humanos trascendentes.

En palabras de Juan Ramírez Ruiz, «materia de un poema integral es la realidad acontecida y acontecente; y que adviene en sucesos como expresión de los enfrentamientos de las clases en pugna» (110). Más adelante, en la misma página, añade “Que el uso directo del tiempo, del espacio, de gente, de hechos que se protagonizan o no [...] y también recuerdos, anhelos, sensaciones, necesidades y situaciones de todo nivel son sólo elementos de la materia de un poema integral” (110).

Junto al énfasis que Juan Ramírez Ruiz pone en su concepción historicista y social de la poesía, también es materia de reflexión la estructura formal y la sintaxis del texto artístico. Para él “Todo poema en sí es una obra que vale por sí misma. En cada poema es necesaria una forma diferente de decir las cosas. La poesía integral hará aparecer la vida como es y como debe ser” (110-111). Luego añade “hay que comenzar abriendo el poema y consignar la Realidad vital. Todo poema integral intentará postular el ritmo y el sentido del nuevo estilo de vida” (111). De esta forma, en su concepción realista más su reconocimiento de la autonomía del arte, éste “actuará como potencialidad transformadora, el poema integral se ubicará dentro del contexto socio-histórico eliminando el divorcio entre tiempo que se vive y problemática que se expresa [...] intentando ser motivación para un cambio cualitativo” (111).

Premunido de su estética realista propugnadora del cambio social, se lanza a escribir Un par de vueltas por la realidad , presentándose una gran coherencia entre poética y escritura. En su libro se formaliza poéticamente el universo ideológico cultural del emergente sector social de clases medias que el proceso sociopolítico del velascato (1968 - 1975) había generado. Por dicho motivo, en este poemario a partir de la omnipresencia de un yo-poético que articula todo el libro, se incorporan nuevas experiencias vitales, nuevos personajes, nuevos espacios y formaciones discursivas subalternas de los años 70. En pocas palabras, en el espacio poético del libro se revela una nueva realidad social y cultural que había emergido en esos años. En esta tarea de revelación de la nueva realidad se configura un yo poético en distintos planos de identidad, cuya función es la de cantarla. Dichos planos son la asunción de una personalidad poética, su situación de inmigrante provinciano y su pertenencia a un emergente y dinámico sector social medio que tenía su «belle époque» durante el gobierno de Velasco Alvarado.

El yo poético, en distintos pasajes del libro, se preocupa en destacar su calidad de joven poeta que vive «vomitando belleza por la boca sucia/ sudando poesía y respirando poesía y viviendo poesía» (37). La personalidad poética asumida va asociada a una sensibilidad que le permite comprender la diversidad de la realidad que percibe. Además, el yo poético considera que esta sensibilidad no debe permanecer en la mera percepción sino siente que, en la típica figura del escritor que tiene un deber cívico con su sociedad, ésta debe ser transmitida a sus semejantes. En el poema número 1 dice: «soy un aullante canto ambulatorio,/ mi cuerpo está lleno de poemas y salgo a la calle a repartirme como obsequio» (31). Sin embargo, el hecho de asumir una figura de poeta público, útil a su sociedad, hace que se generen contradicciones entre el yo-poético y el sector social al cual pertenece y con el que se encuentra identificado.

Es en el plano de los afectos personales donde aflora la contradicción más notoria. En el poema “El único amor posible entre una estudiante en la academia de decoración y artesanía y un poeta latinoamericano”, el yo poético contrasta las diferencias de consumo cultural que se dan entre un poeta y una estudiante de academia provinciana. Mientras la estudiante está totalmente absorbida por la cultura de masas, el poeta consume una cultura de élite: lee libros, ve cine europeo y escucha música exclusiva (rock y música clásica). El consumo de bienes culturales distintos produce la incomunicación. Frente a esta situación, la relación no prospera, entre los amantes se interponen muchas más diferencias e intereses que los lleva a la separación. La concepción tradicional de poeta en base a la asunción de una cultura elitista letrada y hegemónica, y su sensibilidad de poeta que, según él, le permite una visión más profunda de la realidad, hace que se construya un muro infranqueable con aquellos individuos que por adscripción de clase en primer término interactúa.

En la economía de sentido del texto también es remarcada la situación de migrante de origen provinciano del yo poético. En el texto se testimonia la experiencia vital, la cotidianidad del joven provinciano que sienta sus reales en el gran centro de migración que es Lima y frente al cual tiene sentimientos ambivalentes. Por un lado, siente una sensación de deslumbramiento frente a la modernización de la urbe, pero por otro tiene un sentimiento de ajenidad a un mundo en el cual no se ha integrado del todo.

El yo poético, en primer lugar, está deslumbrado por los estímulos culturales que le proporciona la capital del Perú. En el espacio de la gran ciudad, él puede tener acceso a los últimos productos de la cultura universal. Como poeta, cree que es necesario el consumo de esta cultura para conseguir una mayor «lucidez». En segundo lugar, se encuentra el descubrimiento del vertiginoso accionar de la urbe donde ocurren hechos que lo sumen en la desolación. Por ello, se encuentran poemas donde se trata de hacer una crónica urbana desde una perspectiva crítica en la que se denuncia situaciones de injusticia y marginación.

En los poemas que están titulados con nombres de personas, se narran hechos cotidianos de la gran ciudad. En el poema «Manuel Castillo» se relata el hecho de un individuo que ya lleva desaparecido cuatro días. En «Teresa» se aborda la temática de una mujer de treintaiocho años que está dispuesta a todo por su ansiedad sexual. En «Juana Cabrera» se relata la situación de una inquilina que ha sido desalojada de su domicilio y no tiene más remedio que dormir en la calle. Por último, en «Ellos quieren saber quién es el hombre», se narra el hallazgo de restos humanos sin identificación alguna en un barrio limeño.

Al lado del sentimiento de deslumbramiento frente a la gran metrópoli limeña, se presenta el desasosiego, el sentimiento de ajenidad a un universo que el yo poético no siente propio. Se registra un sentimiento de frustración al no haber podido apropiarse del espacio urbano («He tardado usando semanas enteras en parques,/ cines, lechos o avenidas. O avenidas dentro de una ciudad que creía mía», 70). También, la frustración va asociada a un sentimiento de soledad en una ciudad en la cual es difícil llevar una vida comunitaria («demencia y soledad vale esta civilización», 47 … «y he permanecido en la capital del Perú sin justificación/ y sin vecinos», 71). En esta situación disfórica, la vida en la ciudad se convierte en una tediosa rutina. No queda otra salida que volver a los orígenes, es decir a la provincia, ya sea mediante el recuerdo de un mundo que se contrasta con la metrópoli o la realización de un viaje que posibilita el alejamiento transitorio de la fuente de experiencias disfóricas. El yo poético se desplaza por tierra en un ómnibus y registra las sensaciones auditivas y visuales que provoca el viaje. El interior del ómnibus provincial y las paradas que hace en el viaje a su lugar de origen le sirven para nombrar pequeñas ciudades de provincia como Talara, Monsefú y el Puerto de Supe, cuya cotidianidad también le produce al poeta una sensación de desasosiego.

De otra parte, el yo poético está caracterizado en su dimensión social. No es el migrante de origen señorial provinciano, sino es un migrante que se encuentra en esa franja intermedia de clase media baja y sector popular. Su origen social determina su ocupación de empleado en una tienda, su permanencia en el barrio popular de Surquillo y el diseño de una red de relaciones sociales con personas de igual condición social y económica. Es así como incorpora un conjunto de pequeños espacios inéditos por los cuales se desplaza, e incluye un conjunto de personajes que por distintos motivos están relacionados con la voz poética. Así aparecen en el texto mercados de abastos, lugares marginales y personajes que vienen a integrar los sectores medios y populares. Los personajes tienen sus propias experiencias, sentimientos e historias.

El poeta, en su exploración de la cotidianidad popular, registra detalles de todo tipo. El registro pormenorizado de esta cotidianidad es realizado porque responde a una de las exigencias básicas de la poética del poema integral, donde se exige como tarea del poeta «la revelación de lo ‘esencial cotidiano' y de lo efímero que es fundamental para la edificación del nuevo edificio verbal» (112). En el enfoque literario de estos detalles, se pretende hacernos conocer la intrahistoria de un momento importante de la historia peruana. Es decir, la vida cotidiana de los sectores sociales medios y populares que se hicieron visibles en la Lima de los 70 gracias a las políticas de Estado del gobierno de Velasco Alvarado .

En otros términos, es en los años 70 donde se produce el gran «desborde popular» del cual habla José Matos Mar, que cambia para siempre la fisonomía del país. Asimismo, en este acercamiento de lo cotidiano popular se incorporan expresiones del castellano coloquial popular y formaciones discursivas subalternas como recurso expresivo. Según Ramírez Ruiz, en la poética del poema integral: «El nuevo lenguaje será sencillo, directo, duro y sano. Hallará sus palabras en el habla popular, en el argot, en los giros populares» (112). Más aún, la oralidad y el empleo de la norma urbana coloquial modulan la producción misma del poemario. En este casi obsesivo tratamiento de la cotidianidad encontraríamos una búsqueda de afirmación personal de un poeta migrante provinciano que quiere apropiarse del lado marginal del nuevo espacio pero que no siente propio.

Si tomamos como alter-ego de Juan Ramírez Ruiz al yo poético de Un par de vueltas por la realidad , su trayectoria vital narrada en el libro nos ayudaría a comprender a la generación poética del 70. Así, la configuración de la identidad del yo poético en los tres niveles señalados tendría correspondencia con las personalidades de varios poetas del 70. La asunción de una cultura letrada hegemónica, que provoca conflictos personales en la vida del poeta, nos estaría indicando una estrategia de legitimación de los sectores medios a través del aprendizaje de la cultura de élite que se basaba en la escritura alfabética.

En los años 70, el proceso reformista iniciado por el General Juan Velasco Alvarado crea las condiciones básicas para la consolidación de nuevos sectores sociales .

A trazos gruesos, los sectores medios relativamente vivieron un periodo de tranquilidad social y prosperidad económica. Esta situación es la que precisamente influyó para la aparición de un libro con las características del de Juan Ramírez Ruiz. Otra vez en el campo literario peruano se presenta una emergencia generalizada de sectores medios que traen consigo un nuevo background social y cultural. Al igual que los indigenistas de los 20 y las generaciones del 80 y del 90, los nuevos escritores buscan asentarse en el campo literario. Para lograrlo, buscan su legitimación procurando la representatividad de un sector social mayoritario del cual forman parte. Así, esta nueva promoción de poetas representó a un sector urbano mayoritario constituyéndose, por ejemplo, en seguidores y canceladores de la narrativa del 50.

A mediados del siglo XX, la distribución poblacional peruana empieza a cambiar. La mayoría de la población empieza a ser urbana, Lima tenía un crecimiento vertiginoso por las oleadas de inmigrantes provincianos seducidos por el relativo crecimiento económico. La presencia de la provincia otra vez era notoria y adquiría características particulares. La mayoría de los provincianos ocupaban barrios populares, se encontraban afectados por una cultura de masas que modulaba un imaginario popular muy particular con otros símbolos y otros mitos, que se distanciaba de un imaginario rural.

Para terminar, tanto la poética del problema integral como los poemas de Un par de vueltas por la realidad manifiestan la emergencia de nuevos sectores sociales que se ajustan a un nuevo tipo de vida. Sin embargo, estos sectores no se consolidan sino que se quedan en una mera potencialidad. Así, en la historia del Perú se encuentra una acumulación de frustraciones, promesas incumplidas y oportunidades perdidas. Es decir, artistas e intelectuales de origen popular y provinciano no logran la importancia y prestigio económico y social que merecen sino se incorporan a los sectores marginales que desafían cualquier definición sociológica. De tal modo, que en la historia de la literatura peruana y latinoamericana encontraremos una sucesión de momentos de emergencia de nuevos sectores sociales que plantean novedosas propuestas artísticas y de cambio que se ignoran o se quedan en el olvido.

 

1.Salvo algunosañadidos informativos, estas notas salieron publicadas tal cual en Intermezzo Tropical 4 (2006). Agradezco a la directora de esta revista, Victoria Guerrero, y a miembros del comité editorial el haber aceptado su republicación.

2.Algunas compilaciones en las que los poemas de Juan Ramírez Ruiz aparecen antologados son: Mirko Lauer y Abelardo Oquendo. Poemas de amor erótico , Lima, Mosca Azul, 1972; Alberto Escobar Antología de la poesía peruana , Lima, Peisa, 1973, Tomo II; César Toro Montalvo. Antología de la poesía peruana del siglo XX. Años 60/70 , Lima, Ediciones Mabú, 1978; Ricardo González Vigil. De Vallejo a nuestros días , Lima, Ediciones EDUBANCO, Tomo III, 1984; Gustavo Armijos. Antología de la poesía peruana los años 70 , Lima, Colegio de periodistas del Perú, 1985; Ricardo Falla y Sonia Luz Carrillo. Curso de realidad proceso poético 1945-1980 , Lima, Ediciones Poesía 1988, 2 vol; Ricardo González Vigil. Poesía peruana. Siglo XX , Lima, Ediciones Copé, 1999, Tomo II.

3.Ver Literatura y sociedad en el Perú . Lima: Hueso Húmero, 1981. Añadiría que la trayectoria vital de César Vallejo también se constituyó en un modelo a seguir para las nuevas generaciones de poetas. Asimismo, hay que decir que muchos elementos del coloquialismo desenfadado del 70 ya están esbozados en autores del 60, como Manuel Morales y Luis Hernández, que se distinguen de los coloquialistas más “cultos” como Antonio Cisneros y Rodolfo Hinostroza, también del 60. Por otro lado, algunos están de acuerdo en que cambios y recuperaciones encontrados en obras poéticas de los años setenta iluminan las escrituras de muchos poetas que publicaron en las dos últimas décadas del siglo XX. A manera de ejemplos y en pocas palabras, las obras literarias de algunos miembros del movimiento Kloaka (1982-1984) y del grupo Neón (1990-1993) vendrían a ser prolongaciones de las formuladas por César Vallejo, el coloquialismo del 60 y el grupo Hora Zero. Esto, sin embargo, no se aplica a todos los aspectos de la variada poesía de los 80 y 90. Ver, en ese sentido, José Antonio Mazzotti, Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 , Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2002; y Luis Fernando Chueca, “Consagración de lo diverso: Una lectura de la poesía peruana de los noventa”, Lienzo 22 (2001).

4.Entre los muchos comentarios positivos que el autor de este artículo escuchó en Lima durante los meses de agosto y setiembre de 1990, a Juan Ramírez Ruiz se le pone el nombre de “Juan Perú”.

5.Un par de vueltas por la realidad es un libro heterogéneo, ya que dentro de él están incluidos, como prólogo, dos manifiestos del grupo Hora Zero: “El Punto sobre la I” y “Palabras urgentes”. Luego tiene cuatro partes autónomas, con su propia coherencia interna que nos llevaría a pensar en la existencia de cuatro poemarios. Y se cierra el libro con dos documentos: “Poder de la joven poesía” y “Poesía integral”.

6.Cotidianidad que, por cierto, se distingue de otras cotidianidades.

7.Mirko Lauer. El sitio de la literatura , Lima, Mosca Azul Editores, 1988. Alberto Escobar en su Antología y Ricardo Falla aluden a esta conexión.

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